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Una pintura de Rafael Estellés, obra invitada en el Museo Ibáñez de Olula




El museo Ibáñez de Olula del Río acaba de colgar en su espacio destinado a la “pieza invitada” una importante obra de la escuela pictórica valenciana. Se trata del “Retrato de Amparo Estellés, hija del artista” del pintor valenciano Rafael Estellés Bartual, destacado representante de la gran tradición figurativa valenciana en el contexto de la pintura española del pasado siglo. El cuadro, que procede directamente de la colección particular de la retratada, ha sido presentado en la pinacoteca olulense por el prestigioso especialista en pintura valenciana, el catedrático Javier Pérez Rojas.

Tras la exposición de los Pinazos de la Casa Museo Pinazo de Valencia, el museo Ibáñez renueva su apuesta por la gran escuela valenciana, pues una parte importante de sus colecciones, especialmente las del siglo XIX, están integradas en parte por los más importantes autores de esta escuela. Obras de Sorolla, Benlliure, Pinazo, Muñoz Degrain, Benedito, Mongrell o Pons Arnau, pueden verse en las salas de la colección permanente.

Rafael Estellés Bartual (Benimamet, 1900 – Valencia, 1985) fue un destacado pintor vinculado al entorno de la Juventud artística valenciana, que aglutinó a todos aquellos autores relevantes que siguieron dando lustre a su escuela tras la desaparición de los grandes maestros como Sorolla, Emilio Sala o Pinazo. En palabras de Pérez Rojas, fue un “delicado y brillante paisajista postimpresionista que tuvo su mejor período en los años veinte y treinta”. Igualmente fue un excelente cartelista y espléndido retratista. En la posguerra se revela como un gran pintor de retratos, alcanzando en este género durante estos años sus mayores aciertos.

 El retrato de su hija Amparo, pintado en 1953, es sin duda su gran obra maestra dentro del género. La joven, vestida de un rojo vibrante frente a un oscuro fondo, casi negro, aparece sentada en recatada y hierática postura, sujetando en sus manos unos guantes de cuero negro. Su mirada, un tanto perdida y ensimismada, junto a la depuración formal de líneas y volúmenes elementalizados,  otorgan un interesante arcaísmo a la imagen. Afirma Pérez Rojas que “la obra destaca a primera vista por el elegante contraste de color que imponen el vestido y los labios de la joven, pero sobre todo es un cuadro misterioso que transmite sensación de quietud y concentración. Una pintura fascinante que cuando la mostré al pintor Andrés García Ibáñez, inmediatamente la asimiló a Balthus. Aunque algo hay de ello, Estellés nunca conoció la obra de Balthus, son aproximaciones de miradas coetáneas, pero Balthus habría firmado complacido un cuadro así. Los nuevos realismos de los años treinta impregnaron a más de un autor español, realismos con connotaciones magicistas que perduraron tras la Guerra Civil”.

La obra permanecerá expuesta en el Museo Ibáñez de Olula hasta final de septiembre y puede verse ya en horario habitual, de martes a domingo, de 11 a 14 h y de 19 a 21 h.